Cercana, tangible, mía y no.
ahora, preciso ahora te apareces fría,
relampagueando, en lo profundo de mis ojos,
onírica, preciosa, susurrante,
ligera como libélula nadando en el aire,
indiferente, esquiva, etérea,
nadando hasta mis más profundos anhelos,
ahondando sin darte cuenta, adentro.
Cautivos estamos,
en cubos de cristal contiguos.
Nos vemos,
tiendo una mano hacia ti
pero es imposible alcanzarte.
Veo personas pasar, quedarse y mirar
y después seguir de largo, ajenas.
Tú te sientas en el centro de tu urna
a tejer la distancia,
a medir el espacio entre nosotros.
Tú, apacible entre tus girasoles,
me miras, me sonríes
y sigues ajena, con la danza de tus manos,
indiferente.
Ahora me acuesto,
miro las estrellas,
las cuento
de nuevo extiendo mi diestra
y con mi índice dibujo,
te dibujo.
Delineo tu rostro uniendo estrellas,
cierro los ojos para no distraerme,
para recordar el brillo de tu mirada
que no me pertenece, que es tuya,
e intentar plasmarlo.
Como quisiera que ese par de destellos fueran míos.
Rasguño el suelo,
frustrado entierro mis uñas en la tierra;
no es tierra, es arena,
y suspiro,
frustrado suspiro.
Creo que me oyes.
Te veo,
tu me ves,
tus ojos me ven,
intentas con ellos decirme algo,
¿por qué me ves?
¿Qué intentas decirme?
No te alcanzo,
quisiera alcanzarte.
Ocres, marrones, cafés,
con un parpadeo cambian;
grises se arrastran en dirección a mí.
A mi alrededor,
en mi urna, en mi mundo
se hace obvia la imagen desierta que me rodea.
Dirijo mi cabeza hacia ti.
Enredaderas suben por tus tobillos
hasta acariciar tus muslos;
hojas secas anidan en tus cabellos,
suspiros de flores desconocidas caen,
ondulantes,
casi les puedo escuchar ulular
pero son solo suspiros de flores,
suspiros que caen en espirales
hacia tu generoso pecho rosado…
Todo, allí, donde estás, es tan… Tan de colores:
Los verdes y los marrones,
los rojos y los azules,
naranjas, amarillos y violetas,
todos en tantos tonos que apenas los distingo.
Quisiera estar allí
y que me prestes tus colores,
quiero pintar,
quiero que me enseñes a pintar.
Ligera, eres ligera
y en un momento, ante mis ojos
te echas a volar
y aleteas.
Con alas que no sabía que tenías,
que reflejan la luz de la luna.
Y ondula,
como las ondas que se forman en el agua
la luz se mece hacia mi
y la siento tibia acariciándome el rostro
y me imagino que es tu mano
que camina por mi piel
y me estremece.
Yo también quisiera caminarte,
recorrerte despacio y conocerte
descubriéndote cosas, rincones
aromas, sabores, formas.
Sacudes tus alas,
las bates con suavidad, es solo un ensayo.
Aprendiste a volar.
Llévame a volar,
volemos los dos.
¿Inútil el esfuerzo?
Tranquilo, podrás alcanzarla
-me digo-
y empiezo a palpar el cristal,
a sentirlo con mis manos;
debe existir un lugar,
una salida,
un túnel
un abismo,
una grieta al menos
que me lleve hacia ti,
que me deje ir allí, donde estás.
Nada.
¡Demonios, estás tan cerca!
tan cerca que casi respiro tu aliento.
Me frustra,
me frustra y siento coraje
y golpeo el vidrio,
una y otra vez, cada una con más fuerza
y solo logro lastimarme los puños.
No me mires así,
¿es acaso esa mirada de susto?
No te asustes,
solo quiero salir;
ayúdame a salir.
No puedo dejar de verte
eres tan hermosa,
tan delicada,
tan idílica que parece mentira.
Te arrodillas,
sin verme te arrodillas y tu frente se acerca al suelo
y besas la tierra;
tomas un profundo aliento
-¿una lágrima?-
y cantas,
eso si lo puedo oír
cantas;
si existen, así de hermoso deben cantar los ángeles,
cantas y me conmueves
pero no entiendo,
cantas pero no comprendo en que idioma
no son palabras que mi lengua pueda reproducir.
Ahogo mis pensamientos,
el canto se torna cada vez más triste.
No sé qué pasa,
no entiendo nada.
Todo a tu alrededor empieza a oscurecer,
es el mismo gris que se arrastró hacia mi
ahora se expande
y cubre todo.
A tu alrededor el mundo se marchita
y pierde el color
y se hace frío
y todo muere.
Mas tu ya no lloras
solo cantas
tus párpados cubren tus ojos
y tu solo sigues la melodía
tus manos continúan danzantes
y se me antoja pensar que son ellas
las que absorben el color
y la vida.
¿Qué pretendes?
por lo menos sentía por ti alegría,
tu estabas bien aunque yo me secara solo,
te veías tan feliz
¿Qué hiciste?
¿Por qué lo hiciste?
Ahora me miras
y tu cara se impregna de alegría
y no me ves solo a mi
¿Qué ves?
¿Qué veo?
El gris de mi urna corre,
como sombras que la luz ahuyenta
corre el gris
y mi urna se derrite
como hielo las paredes se deshacen
y se hacen pequeñas
hasta que en el piso desaparecen.
Jugos de colores brotan de la arena
como geiseres fantásticos
brotan y se evaporan
y se hacen nubes
y llueve.
Llueve alegría,
llueve felicidad,
llueven colores y ya no hay arena;
todo huele a hierba
a flores, a notas de canciones
a frutas, a tierra húmeda
a poesía,
a néctar, a luna.
¿Pero qué hay de ti?
no te puedo dejar
no te puedes quedar ahí,
¡Oh hermosa!
no te quedes sola
¿puedes venir hacia mi?
vuela,
vuela hacia mí,
vuela alto y sal de ahí…
Ven, escapa,
escapa conmigo
no te quedes así,
viéndome,
indefensa.
Escapa,
por favor escapa
¿Acaso hiciste esto por mí?
No puedes…
No debiste.
Se me escapa el aliento,
no es justicia la que usa la vida conmigo.
Me siento
y te veo;
tu sentada en tus tobillos me ves
y pones tus manos en tu pecho,
luego en el cristal.
No puede ser más cruel.
Yo estoy libre ahora,
podría soñar, reír, bailar, cantar…
Tu sigues ahí.
¿Qué puedo hacer?
Me postro en el suelo
derrotado, nada se me ocurre,
no se que hacer.
Una plegaria en mis húmedos ojos se escribe
déjenla salir,
por favor déjenla salir.
Preferiría ser prisionero de nuevo.
Estalla el cielo
y una lluvia de cristales finos como polvo cae sobre ti,
puedes salir
despliega tus alas
vuela,
escapa y se libre,
si quieres, junto a mi.
Sonríes,
tus alas se abren,
se agitan y te erizas.
Saltas, revoloteas
y alzas el vuelo
y de nuevo como libélula
en el aire nadas hacia mi.
No se tu nombre,
quisiera saberlo
y un viento susurrante me trae un ‘Marie’,
a los oídos, Marie…
Inerme Marie,
susurrante Marie,
mágica y onírica Marie.
Déjame perderme en tus labios,
déjame alcanzarte despacio.
Vuela conmigo Marie,
llévame hasta el cielo
y hazme creer que es un sueño
y no me dejes despertar.
Llévame y hazme libre en tu cuerpo,
libérame en tus sueños
para que viajemos juntos,
para que soñemos juntos,
y seamos árbol
y seamos viento
y seamos lluvia
sol y tierra.
Tómame Marie
y emprende el vuelo.
Pero no me dejes Marie,
si no quieres volar conmigo
me gustaría que al menos te acordaras de mi,
que volaras y volvieras por aquí.
Si quieres quédate,
si no quieres, vete ,
pero por favor, no muy lejos
así sabré que podré encontrarte,
que quizá volveré a verte
y que no me olvidaste,
tenue y efímera Marie.
No hay comentarios:
Publicar un comentario